LA DECISIÓN DEL JUEZ SE PRODUCE… ANTES QUE LOS ARGUMENTOS QUE LA JUSTIFICAN

shutterstock_157394219

“En verdad, ya nadie cree que las operaciones realizadas por el juez para interpretar el derecho son exclusivamente operaciones lógicas en el sentido estricto de la palabra, es decir, operaciones de deducción de ciertas conclusiones a partir de determinadas premisas; con otras palabras, que la actividad del juez es meramente mecánica o automática. Los juristas y los filósofos del derecho prestan cada vez mayor atención a la presencia manifiesta u oculta, consciente o inconsciente de los juicios de valor. Valga para todos la palinodia de Calamandrei sobre la famosa teoría de la sentencia como silogismo. Esto no impide que exista diferencia entre una interpretación fundada sobre el examen de los llamados conceptos jurídicos y una interpretación fundada sobre la valoración de los intereses, y que la elección de la una o de la otra –como lo ha mostrado recientemente Bagolini-, no influya en la diversidad de las decisiones. Sólo que no se trata de la diferencia entre una decisión entendida como la secuencia de una operación lógica y una decisión entendida como consecuencia de una valoración, sino más bien entre la decisión que tiene preferentemente en cuenta las cuestiones lógico–lingüísticas, a las que podríamos llamar “formales”, y la decisión más atenta a las cuestiones de hecho (intereses en juego a los fines sociales que se persiguen), o sea sustanciales. Como la elección de una u otra actitud puede influir el mérito de la decisión, es probable que la elección misma del método esté condicionada por la apreciación favorable o desfavorable de las consecuencias de la decisión. El juez adoptará este o aquel método según pretenda obtener este o aquel resultado. Esto hace decir a menudo a los jueces que de hecho la decisión se produce antes que los argumentos que la justifican. Sobre la diferencia entre jurisprudencia formalista y jurisprudencia de intereses puede decirse, en resumidas cuentas, que ambas son legítimas según el fin que se quiera obtener; en general, la primera es ideológicamente más conservadora, la segunda más progresista…”

Norberto Bobbio (1909-2004), El problema del positivismo jurídico.